Cotización
Cuéntanos qué trabajo quieres resolver.
Un colaborador digital se fabrica sobre un proceso concreto de tu empresa. Déjanos tus datos y el desafío que tienes al frente: preparamos una propuesta para ese trabajo y te respondemos con nombre y apellido.
Te responde una persona
No un formulario que se pierde. Alguien del equipo lee lo que escribiste y te escribe de vuelta.
Una propuesta para tu proceso
No un plan de lista. Se arma sobre el trabajo que nos cuentes, con el alcance que ese trabajo pide.
Sin compromiso
Pedir una propuesta no es contratar. Si no calza, te lo decimos en la primera conversación.
Antes de que preguntes
Depende del trabajo que resuelve: no es lo mismo un cargo que monitorea fuentes todos los días que uno que atiende un canal puntual. Por eso la propuesta se arma sobre tu proceso y no sale de una lista de planes. El encuadre es el de un cargo, no el de un proyecto de sistemas.
La primera conversación define el alcance. Desde ahí, un colaborador digital entra a operar por fases: primero el trabajo más crítico y acotado, después el resto. Te damos los plazos reales en la propuesta, no antes.
El proceso escrito o, al menos, la persona que hoy lo hace. Un colaborador digital aprende el oficio de tu empresa: necesita ver cómo se hace el trabajo, con qué sistemas y qué decisiones lleva firma humana.
Se usan para responderte esta solicitud y nada más. No se venden ni se comparten con terceros. Todo está en la política de privacidad.