YUNT
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Nuestros Yunts tienen cuerpo

Esta semana pusimos cara, voz y presencia a nuestros colaboradores digitales. No es una foto ni un video: es un modelo 3D en vivo, una voz que se puede interrumpir y un registro de cada acción.

Rodrigo Medina CEO @YuntRodrigo MedinaFounder & CEO
Imagenes de Yunt

Esta semana pusimos cara, voz y presencia a nuestros colaboradores digitales. Fue un desafío de ingeniería entretenido y difícil, y quiero contar cómo está hecho, porque nada de esto es un video grabado ni una foto con un chat al lado.

La cara no es una foto. Es un modelo en 3D que se dibuja en vivo, en el mismo navegador de la persona que lo está mirando, muchas veces por segundo. No hay un video en loop ni un servidor transmitiendo imagen. Se construye a partir de un solo retrato: un programa detecta cientos de puntos de la cara, otro calcula qué tan lejos está cada parte (la nariz más cerca, las orejas más atrás), y con eso se levanta un relieve con decenas de miles de puntos que puede mover la mandíbula, los labios, los párpados y las cejas por separado. La luz, las sombras y el brillo de la piel se calculan en el momento. Por eso un Yunt puede tener la cara que su empresa decida, con su camiseta y su logo, y tenerlo en pantalla una hora no cuesta nada extra. El de finanzas de uno de nuestros clientes usa camisa blanca con el logo bordado. Elina, la concierge de Elina PMS, usa anteojos y blusa negra. Y el robot, el nuestro, no tiene boca: cuando habla, una onda le recorre la cara al ritmo de su voz, y cuando piensa, la antena pulsa como un radar.

La voz es en tiempo real, de verdad. No es grabar lo que dijiste, pasarlo a texto, pensar la respuesta y leerla en voz alta. Es un modelo que escucha voz y responde con voz, y la respuesta empieza a sonar mientras todavía se está generando, como en una llamada. Se le puede interrumpir a mitad de una frase y corta, igual que una persona. Habla español e inglés con acento según el idioma, y cambia si tú cambias. La boca del avatar no sigue un guion: se mueve con el sonido real que está saliendo, así que lo que ves hablar es exactamente lo que suena.

La voz no sabe cifras, y eso es a propósito. El modelo de voz tiene prohibido inventar un número. Cuando le preguntas por el margen de agosto, le pasa la pregunta a un segundo cerebro: el agente, que es el que tiene acceso a los datos de la empresa, busca el dato y se lo devuelve con el período, los filtros y de dónde salió. La voz dice eso y nada más. Mientras tanto, en la pantalla aparecen las tarjetas y los gráficos de esa misma respuesta. Los dos cerebros comparten una sola memoria de conversación, hablada o escrita: un "¿y en agosto?" lo entiende con lo que se preguntó antes, y si cierras y vuelves a abrir, retoma donde quedó.

Las manos son herramientas con nombre. Cada una hace una sola cosa, dentro de los sistemas de la empresa, y devuelve de dónde sacó el dato. El Yunt de la lechería lee facturas y arma órdenes de compra; el de la corredora pide documentos y los cruza con la póliza; el de finanzas consulta el estado de resultados. Fuera de su lista no hay acción posible, y eso es lo que permite ponerlo a trabajar sin miedo.

Está donde está el equipo. Tiene casilla de correo propia y contesta desde ahí con informes en PDF o Excel. Está en Teams y en WhatsApp. Y lo que estamos construyendo ahora: entra a las reuniones como un participante más, con su cara en el cuadro de video, escucha la sala, responde solo cuando lo nombran, y puede mostrar la tabla en su propia pantalla mientras habla.

Deja rastro de todo. Cada conversación, por cualquier canal, se guarda con su cadena completa: quién preguntó, qué herramienta se usó, con qué filtros, qué datos devolvió y qué se respondió. Eso es el glassbox. Y lo escribe el servidor, no la pantalla: lo que queda registrado es lo que el agente realmente recibió y ejecutó, no lo que alguien vio. Una cifra que no cuadra se sigue hasta la consulta exacta que la produjo. Cada mes, antes de la factura, el propio Yunt entrega el informe de lo que hizo con los números de ese registro.

Y tiene jefe. Lo que pesa lo revisa y lo firma una persona de la empresa. Un error no se esconde: se escribe y se corrige. Y queda como regla.

Los modelos de inteligencia artificial son el cerebro, y no nos casamos con ninguno: cada Yunt usa el que mejor rinde para su cargo y lo cambiamos cuando sale uno mejor, sin que la empresa lo note. Todo lo de arriba es el cuerpo, y el cuerpo es nuestro.

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